Metamorphoses #2 (Spring) , Deron Cohen
"I have seen landscapes...which, under a particular light,a
made me feel that at any moment a giant might raise his head over the next
ridge. Nature has that in her which compels us to invent giants: and
only giants will do."
C.S. Lewis
¿Qué hace que una pareja valga la pena? ¿y porqué usamos siquiera esa expresión: valer la pena? ¿Es que acaso todas las cosas que necesitamos y queremos en la vida deben implicar pena y dolor? Efectivamente, todo lo verdaderamente valioso tiene un costo pero cuando lo asumimos como tal quizá no tenga necesariamente que ser vivido como dolor. Si traemos una vida al mundo aceptamos que el dolor del parto es natural, nos preparamos para él; tomamos cursos psico-profilácticos para que cada contracción, cada centímetro de vida, nos acerque más a la felicidad absoluta del nacimiento. Quizá porque creemos (en toda nuestra maravillosa ignorancia) que el dolor termina justo cuando esa felicidad empieza es que, cada vez más, hay mujeres deseosas de “disfrutar“ el parto (al menos en teoría). ¿Porqué no habríamos entonces de “disfrutar“ el dolor que nos causan los otros, pequeños y grandes, nacimientos de la vida? Recuerdo a Geymonat y su postulado de que la libertad (la verdadera, la libertad activa) es lucha constante: lucha interna más que externa, lucha que implica un cambio dialéctico de nuestro estado en el mundo. Cada instante de lucha es un movimiento coreográfico que precede a otro en oposición. El resultado es un cambio profundo, verdadero, que no puede ser des-hecho. Y si ser libres implica estar en constate lucha, entonces el dolor y la pena son resultado naturales de la transformación.
Yo quiero una pareja que alimente mi libertad, que me haga libre. Yo deseo relaciones con todos mis seres amados que sean liberadoras de aquello que necesita cambiar y transformarse. Yo quiero amores que me transformen profundamente y trasformen mi vida en todos los sentidos que ésta necesite evolucionar (incluso si la “evolución“ sea no progresiva y positiva sino incluso una involución).
¿Qué hace que una pareja valga la pena? O mejor dicho ¿qué hace “worthy“ -“worth while“- a una pareja (porque prefiero esta expresión que es tanto más positiva que su correspondiente español, y más integral)?
Sólo aquella relación amorosa que provoca cambios profundos y cambios dialécticos tiene sentido para mí.
Después de tantos años con Humberto necesité liberarme de él, física y prácticamente liberarme de él. Me tomó tiempo entender porqué, pero en un sentido inmediato tenía lógica. Encontré razones poderosas para salir de esa relación y seguir adelante pero no entendí las verdaderas fuerzas que actuaban dentro mío al concretar esa separación.
Myrna pregunta si mi relación con Craig es tortuosa y me detengo en la pregunta por un tiempo. Pero concluyo que no.
La relación con Humberto fue muy tortuosa por razones aparentes para aquellos que están muy cerca de mí y conocen la historia relativamente bien; pero mi relación con Craig, aunque pueda parecer tortuosa en este momento, no lo es.
Estar lejos de quien amas en una forma de tortura, vivir con la incertidumbre constante de cuál será el resultado de cambiar también puede serlo a veces, pero sólo aquella relación que busca ser cómoda (exigiendo de ti que te quedes inmóvil, te definas de modo imperturbable y “empolles“ por el resto de la vida) es tortuosa para mí.
En cambio, la que naturalmente provoca cambios radicales y alimenta la lucha constante es worthy de ser vivida.
Todas las relaciones tienen un costo, es cierto. Si fuera más pragmática buscaría relaciones que satisficieran mis necesidades concretas y aceptaría que el precio es aferrarte a esas ganancias de tal manera que tu vida se convierta en estática (“Lose something every day. Accept the fluster…“ y sí, “Then practice losing farther, losing faster“). A veces me pregunté ¿porqué no era más practica; qué me guiaba al buscar parejas; y sí, porqué no amé a Humberto como amo a Craig? Ahora veo con claridad que era esa interacción naturalmente dialéctica que siempre tuvimos lo que me hizo amar a Craig. Lo mismo que me que asusta y a veces me “causa pena“ es la razón de mi amor por él. Y es lo que más tengo que agradecerle: tanta libertad recuperada, tanta profunda y verdadera transformación.
En todas las relaciones tenemos que intentar compaginar nuestras historias con las de los otros, nuestras ataduras con las suyas y nuestras necesidades profundas con las que tienen ellos. Conforme más cercana es la interacción, más nos causa estrés y, quizá, dolor. Pero si existe una manera de alcanzar un cambio dialéctico a partir de todos y cada uno de los pequeños movimientos de esta lucha (cada figura marcial), entonces es más que worth while, es verdaderamente significativa y satisfactoria de nuestras necesidades.
¿Cuál es el dolor de parto que hay que “disfrutar“? El de vivir con incertidumbre; el de no saber hacia dónde se dispara el cambio; el de tener que conquistar nuestros miedos continuamente y de ser humildes frente a ellos; el de aceptar al movimiento como la única ganancia garantizada y aprender a desear lo mejor para el futuro (pero a no asumir que pasará); el de aceptar nuestros saltos como tales y no como sacrificios, y nuestros sacrificios como resultados orgánicos de la lucha en sí; el de dejar que el otro enfrente sus propias batallas, sus propias luchas, y desear que cuando terminen (al final de la conversación, al final del día, al final de la sesión de terapia, al final de la vida) estemos aún juntos; el de aprender a enfrentar todo pequeña transformación como una necesidad profunda -incluso si nos asusta más que ninguna otra cosa-; el de estar siempre cerca y lejos al mismo tiempo (uniéndonos y separándonos); y, al final de cuentas, vivir con la paradójica certidumbre de que no podremos jamás volver a “empollar“... la Yoga mental es la única forma de disfrutar del parto de vivir.. ooom, ooom...

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